Mostrando entradas con la etiqueta ALIMENTACIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ALIMENTACIÓN. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de noviembre de 2012

Ni un pez por la borda


No hace mucho hablábamos en este blog de los problemas de la sobrepesca y de la extinción de los recursos que ofrece el océano. Actualmente, la situación es desesperada. En los últimos 60 años han desaparecido el 90% de los grandes peces y, si seguimos con este ritmo, en 2050 se habrán agotado todas las pesquerías del planeta.
Se calcula que un 75% de los bancos de pesca mundiales están sobreexplotados. En el Mediterráneo, un mar pequeño y con mucha población, el porcentaje sube hasta el 87%.
En cuanto al consumo, España es uno de los países donde se come más pescado. Y no precisamente pescado de nuestras costas: nos llega pescado de todos los mares del mundo. Si durante el 2012 sólo comiéramos el pescado que podemos encontrar en nuestras costas, en el mes de mayo ya nos lo habríamos comido todo.
Así pues, nuestro consumo de pescado es superior a lo que pueden producir los mares. Pero es que, además, buena parte de lo que pescamos ni siquiera llegamos a consumirlo. Hay pescados que no tienen el tamaño óptimo, o pertenecen a especies no comerciales, o superan la cuota permitida que cada barco puede pescar de una misma especie. Todos esos peces acaban lanzados por la borda, sin vida, al mar.
No estamos hablando de unos cuantos peces: se calcula que el 42% de lo que pescan los grandes barcos de arrastre acaba tirado por la borda sin vida. Cada año, en Europa se tiran un millón de toneladas de pescado. ¡Se dice pronto!
Para evitarlo, hace unos meses que existe una campaña internacional llamada Ni un pez por la borda que recoge firmas para presionar a la Comisaria Europea de Pesca. Estos días se está reformando la política pesquera de la Unión Europea y es importante hacer presión para conseguir regular esta barbaridad.
Un dato: mientras que los grandes barcos de arrastre desestiman un 42% de lo que pescan, las pequeñas embarcaciones tradicionales sólo desechan un 3%. Y, además, dan trabajo a más gente, preservan tradiciones milenarias y practican una pesca de proximidad.

Fuentes:
  1. Post de Dando datos sobre la pesca del salmón: http://www.dandodatos.com/2012/06/el-salmon-nadando-contracorriente.html
  2. Capítulo del programa Latituds del Canal33 sobre la sobrepesca (en catalán): http://www.tv3.cat/3alacarta/#/videos/4310050
  3. Cada año se tiran un millón de toneladas de pescado por la borda en Europa: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/17/actualidad/1350491176_920727.html
  4. Los grandes barcos de pesca: http://gustavoduch.wordpress.com/2012/11/07/la-extincion-2/
  5. Campaña Ni un pez por la borda: http://www.niunpezporlaborda.org/
  6. Una web muy interesante sobre las políticas de pesca de la UE: http://www.fishforthefuture.eu/
     
    
     
    

lunes, 15 de octubre de 2012

El precio de una caja de cereales

Fotografía original del Dr. Roy Winkelman extraída de ClippizETC


Los gigantes de la industria de la alimentación (Nestlé, Kellogg, Kraft, General Foods, etc.) son los que imponen las normas en el mercado de alimentos. Por un lado, deciden los precios que pagan a los agricultores por sus materias primas; por otro lado, aprietan a los minoristas para que favorezcan los productos de la empresa y recorten los propios márgenes. Incluso tienen el poder de decidir las campañas publicitarias de los supermercados.
Para entender quién corta el bacalao en el sector de la alimentación, lo mejor es ver qué porcentaje del precio de un producto se lleva cada uno de los que participan en el proceso de fabricación. Hemos usado datos de cómo se reparte el precio de un paquete de cereales para el desayuno, un alimento preparado relativamente común en muchos países.

El agricultor se lleva aproximadamente un 7% del precio final. En el caso de una caja grande de cereales de 3,50€, son 25 céntimos. Una minúscula parte de estos 25 céntimos son el beneficio; el resto, semillas, maquinaria, fertilizantes, arriendo de la tierra, etc.
El 73% del precio de la caja es para la empresa transformadora. De aquí, el 29% es el coste de la transformación y el embalaje y el 44% es el beneficio. Esta empresa es, de lejos, la que hace el negocio más redondo.
Por último, la tienda minorista se lleva cerca del 20%. Este promedio cambia según si se trata de una gran superficie, con un poder de negociación mucho mayor, o de una tienda de barrio. Aquí está incluido su beneficio.

El periodista Paul Roberts, especialista en el tema, lo resume así: «La posibilidad de lograr semejantes márgenes es la razón por la que las empresas alimentarias han optado ininterrumpidamente e inexorablemente por la transformación cada vez mayor de los alimentos: cuanto más se transforma la materia prima agrícola en un bien de consumo final, más puede cobrar la empresa a cambio. En 1950, cerca de la mitad del precio de venta al público de los alimentos se empleaba en pagar al agricultor o a cualquier otro productor de estas materias primas agrícolas y la otra mitad correspondía al valor añadido. En el año 2000 el porcentaje correspondiente al producto básico había caído por debajo del 20%. Así pues, aunque agricultores, ganaderos y otros productores ganan cada vez menos con sus productos, las empresas alimentarias pueden mantener sus propios ingresos aumentando sin interrupción el valor añadido.»

Fuentes:
  1. Los datos son del libro de John Connor The Food Manufacturing Industries: Structure, Strategies, Performance and Polices. Lexington Books. Pág. 66: http://trove.nla.gov.au/work/22263342?selectedversion=NBD3245057
  2. Las podéis encontrar citadas en el libro de Paul Roberts El hambre que viene. La crisis alimentaria y sus consecuencias. Ediciones B. Pág. 88: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/25361/El_hambre_que_viene
    
    
   

lunes, 1 de octubre de 2012

Restaurantes km0


En España cada año importamos 29.000 millones de kg de alimentos. Es decir, más de 700 kg anuales por habitante. Ante la salvajada medioambiental que esto supone, no hace mucho hablábamos en este blog de ciertos movimientos que están apareciendo en distintos puntos del planeta que apuestan por un retorno al consumo de proximidad. Se trata, en definitiva, de consumir aquellos productos que se cultivan o se fabrican cerca de casa, evitando así el impacto ambiental que supone su transporte y reduciendo los problemas derivados de tener agriculturas de monocultivo en los países del Tercer Mundo.
Este movimiento ha recibido muchos nombres: kilómetro cero (km0), dieta de los 100 kilómetros (o de las 100 millas), consumo local (local food), dieta baja en CO2 o Locavore son los más conocidos, pero hay más.
Como cualquier otro cambio en nuestros hábitos, la implantación del consumo local en nuestra vida cotidiana no es fácil y necesitará tiempo. Aunque hace años que se habla de ello, es un cambio que ha llevado a cabo muy poca gente. Pero poco a poco va aumentando la masa crítica de consumidores que tienen en cuenta estos valores al llenar la cesta de la compra.
Uno de los actores importantes para la implantación de este "nuevo" modelo de consumo (que no deja de ser el que tenían nuestros abuelos) son los restaurantes. En los últimos años un buen número de bares y restaurantes se han sumado a este movimiento y han hecho un trabajo importantísimo divulgando sus virtudes y poniendo de manifiesto que cualquier otro modelo es insostenible. Gracias a los restaurantes km0 los ciudadanos pueden darse cuenta que es posible hacer una cocina excelente (en variedad y calidad) sin necesidad de traer productos del otro lado del mundo. Desde bares de bocadillos hasta restaurantes con la cocina más sofisticada se han unido al consumo de proximidad.
Cuando escogemos un restaurante para ir a comer tenemos en cuenta una serie de factores: la calidad, el precio, la situación, el local, la amabilidad, la habilidad de los cocineros, etc. A partir de ahora, quizás podríamos añadir un nuevo factor a tener en cuenta: que usen productos de consumo local. Para ayudaros a escoger, podéis consultar alguna de estas webs o leer guías como esta, publicada en catalán por Pol·len, que incluye los 33 restaurantes que han recibido el galardón Slow Food en Catalunya. ¡Buen provecho!


Restaurantes km0:

Fuentes:
  1. Post de Dando datos sobre la importación de alimentos: http://www.dandodatos.com/2012/05/alimentos-del-mas-alla.html
  2. Post de Dando datos sobre el consumo de proximidad: http://www.dandodatos.com/2011/08/comida-sin-fronteras.html
  3. Guía A taula amb km0: http://www.pol-len.cat/products/a-taula-amb-km-0-guia-de-restaurants-km-0-de-catalunya-2012
    
     
      
    

domingo, 19 de agosto de 2012

El Lissom y el comercio mundial de arroz


El comercio internacional de materias primas es muy complejo y a menudo se escapa de nuestra comprensión. A veces, la mejor forma de entender cómo algunos productos llegan hasta el consumidor es con una buena historia, como la del último viaje del carguero Lissom.
El Lissom, un barco granelero, zarpó de China a finales del otoño del 2001 en dirección a Abiyán, el puerto más importante de Costa de Marfil y la segunda ciudad más grande de África Occidental. En sus bodegas llevaba un cargamento de 22.000 toneladas de arroz.
Pero el 16 de diciembre, cuando pasaba cerca del atolón de Diego García, en mitad del océano Índico, se declaró un incendio en la sala de máquinas y la tripulación fue desalojada. Todo el barco se incendió pero no se hundió. Durante cuatro días, con los motores destruidos y sin tripulación, navegó a la deriva por el océano Índico. Al final, el fuego se apagó pero el barco ya estaba completamente inutilizado. Barcos de la US Navy de la base de Diego García lo remolcaron durante 2.000 millas hasta el puerto más próximo: Maputo, la capital de Mozambique, donde llegó el 12 de febrero de 2002.
El barco no se puede salvar pero el arroz todavía está en las bodegas. ¿Qué hay que hacer con él? Los importadores locales de arroz no quieren que el barco descargue en Maputo porque una cantidad tan grande de arroz haría caer los precios e inundaría los mercados locales sin que ellos sacaran ningún beneficio. En el país hace falta arroz y los precios están muy altos para la mayoría de la población, pero el gobierno, presionado por los importadores locales y por las multinacionales que negocian la importación de arroz al país, ordena que el cargamento salga de Maputo. Durante un mes, a razón de 750 toneladas diarias, los sacos de arroz son transportados en las espaldas de cientos de mozos de cuerda hacia otro barco.
Los propietarios del Lissom, la compañía Rustal Trading de Ginebra, aseguran que el arroz está en perfecto estado y que será vendido en Abiyán como estaba previsto. Pero no es verdad: está ahumado y requemado, y ha empezado a estropearse después de tantas semanas en las bodegas en mal estado del barco.
En Durban, en la República de Sudáfrica, el cargamento pasa a dos barcos más pequeños que intentarán venderlo por toda la costa africana. Pero no será fácil, porque aunque se venda a un precio más barato por su estado nadie quiere un arroz que hará desplomarse el precio del resto de lotes.
Ni siquiera la compañía propietaria del arroz tiene ganas de venderlo porque la bajada de precios también afectaría a sus negocios. El Lissom sólo es uno de los 40 o 50 barcos que cada año envían a África cargados de arroz: esto significa sólo un 2% de la mercancía anual. Además, el seguro cubre la pérdida.
Mientras tanto, en Maputo lo que queda del Lissom será remolcado hacia Pakistán para ser convertido en chatarra. Pero esto no pasará hasta el 18 de mayo, y durante toda la primavera el esqueleto del barco permanecerá en el puerto. Durante todo este tiempo, algunos pescadores con pequeñas embarcaciones se acercan al carguero y se dan cuenta de que, en fondo de las bodegas, ha quedado arroz que estaba en tan mal estado que los propietarios no han querido llevárselo.
Entre 800 y 950 toneladas de arroz quemado y podrido aparecerán, durante el mes de abril, en los mercados de Matola, en el sud del país. Este arroz no es apto para el consumo humano, y unos meses más tarde los vendedores serán llevados a juicio.
La mayor parte del arroz del Lissom, incluso el que está en peores condiciones, será vendido en los mercados africanos. Este cereal cada día es más importante para alimentar al continente, y los organismos públicos encargados de comprar no miran demasiado la calidad de lo que compran, sobre todo si reciben un sobre lleno de dinero de manos de una gran compañía importadora. En palabras de uno de los intermediarios de estos negocios: "dan a las personas lo que no habrían dado al ganado".

Fuentes:
  1. La historia aparece en el libro de Jean-Pierre BORIS Le roman noir des matières premières: http://www.amazon.fr/Le-roman-noir-mati%C3%A8res-premi%C3%A8res/dp/2818501733/ref=dp_ob_title_bk/275-6901948-3295145
  2. Una foto del granelero Lissom: http://www.shipspotting.com/gallery/photo.php?lid=1477425
  3. Abiyán, en Costa de Marfil: http://es.wikipedia.org/wiki/Abidjan
  4. El atolón de Diego García: http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Garc%C3%ADa
  5. Maputo, la capital de Mozambique: http://es.wikipedia.org/wiki/Maputo
  6. Durban, en Sudáfrica: http://es.wikipedia.org/wiki/Durban
  7. El arroz encontrado en las bodegas: http://www.news24.com/xArchive/Archive/Moz-warns-against-wrecks-rice-20020424
  8. El arroz de Matola y el juicio: http://allafrica.com/stories/200208070562.html
   
    
     
   

domingo, 1 de julio de 2012

La huella hídrica de los españoles


La mayor parte del agua que consumimos no la llegamos a ver nunca. Hace un año, en un post publicado en este blog, hablábamos de conceptos como agua virtual y huella hídrica. Decíamos, resumiendo, que el agua que sale del grifo de casa es sólo una pequeña parte de la que consumimos: la mayor parte es la que se utiliza para cultivar nuestra comida, engordar al ganado, fabricar la ropa, el coche, el ordenador o las gafas que llevamos, e incluso para construir nuestra casa y poner gasolina a nuestros vehículos. Toda esta agua reunida es lo que conocemos como huella hídrica: el impacto que, por el simple hecho de existir, tenemos sobre los recursos hidráulicos del planeta.
Un estudio reciente ha cuantificado esta huella. La media mundial (calculada durante el período que va de 1996 a 2005) es de 1.385 m3 al año por persona. Como siempre que aparecen cifras tan altas, lo mejor es compararlas con alguna cosa que conozcamos un poco más, y esto es lo que ha hecho Clemente Álvarez, autor del interesantísimo blog Ecolaboratorio: si tenemos en cuenta que en un camión cisterna mediano caben unos 15 m3 de agua, harían falta 92 camiones para transportar el agua que utiliza cada ser humano durante un año.
El estudio da otro dato todavía más impactante: España está entre los cinco países con una huella hídrica más alta. Concretamente, el gasto en agua por habitante es de 2.461 m3 anuales. O lo que es lo mismo, 164 camiones cisterna. Prácticamente el doble de la media mundial.
Si tenemos en cuenta que el 92% de la huella hídrica mundial está relacionada con lo que comemos, quizá ha llegado la hora de cambiar de hábitos. Dos datos a tener en cuenta para los que quieran empezar a hacer cambios en su alimentación:
  • Con diferencia, el producto que más agua consume es la carne. Por ejemplo, hacen falta 15 veces más agua para obtener cien gramos de carne de ternera que cien gramos de patatas. Quizá no hace falta comer carne cada día...
  • No sólo debemos fijarnos en lo que consumimos; también es importante el lugar donde ha sido producido, porque el transporte tiene un impacto muy fuerte y necesita mucha agua virtual. Busca alimentos producidos cerca de tu casa.

Fuentes:

  1. Post de Dando datos sobre el agua virtual: http://www.dandodatos.com/2011/05/agua-virtual.html
  2. Qué es el agua virtual: http://en.wikipedia.org/wiki/Virtual_water
  3. Qué es la huella hídrica: http://www.huellahidrica.org/index.php?page=files/home
  4. Estudio The water footprint of humanity: http://www.pnas.org/content/early/2012/02/06/1109936109.abstract
  5. Más información sobre el estudio: http://blogs.elpais.com/eco-lab/2012/02/los-164-camiones-de-agua-anuales-por-cada-espanol.html#more
  6. Post de Dando datos sobre el impacto ambiental del consumo de carne: http://www.dandodatos.com/2011/04/sobrevivimos-gracias-los-vegetarianos.html
  7. Post de Dando datos sobre el transporte de alimentos: http://www.dandodatos.com/2012/05/alimentos-del-mas-alla.html
   
    
   
     

domingo, 24 de junio de 2012

El salmón: nadando contracorriente


El pescado que comemos
El pescado se ha convertido, en las últimas décadas, en un alimento prácticamente universal. Puedes encontrar pescado casi en todas partes, independientemente que estés cerca del mar, de un lago o un río o a miles de quilómetros. No sólo cada día hay más gente que come pescado, sino que los que ya lo hacían consumen más cantidad cada día. Actualmente extraemos del mar 90 millones de toneladas de pescado cada año, 75 de las cuales son de peces salvajes y el resto de piscifactoría. Es un número demasiado grande como para ser entendido; para hacernos una idea, equivale al peso de todos los seres humanos de China.
Comer pescado es muy sano: su contenido en proteínas es muy alto, sus grasas son insaturadas y ayudan a lubricar y limpiar las venas, y los ácidos grasos conocidos como Omega-3 del pescado azul ayudan a regular los niveles de colesterol. También es una fuente importante de fósforo y vitaminas. Pero el pescado, como el resto de especies, no es infinito, y la sobrepesca y la destrucción de sus hábitats pueden llegar a exterminar muchas especies en los próximos años.
Para entender cómo funciona la industria pesquera y cuál es el impacto que nuestro consumo de pescado tiene sobre el medioambiente nos fijaremos en el caso del salmón, uno de los peces más conocidos del mundo.

El salmón
Hemos escogido el salmón porque es el pescado de escamas más consumido en Occidente y porque es el primer pez que se domesticó a gran escala.
Los humanos comemos salmón desde hace milenios porque es un pescado relativamente fácil de pescar, sobre todo durante la época en la que remontan los ríos para desovar, y porque su carne es muy buena. Pero la universalización de este pescado en los mercados y mesas de Occidente se produjo a finales de los años 60, cuando se empezó a criar en piscifactorías.
El salmón se ha convertido en el principal pescado de piscifactoría del mundo. De los 2 millones de toneladas anuales de salmón que extraemos del mar, tres cuartas partes son salmones de granja.
El salmón nace en las aguas rápidas y poco profundas de las cabeceras de los ríos. Los pocos alevines que sobreviven (aproximadamente un 1% de los huevos) bajan a los océanos, donde se alimentan básicamente de peces más pequeños (sardinas, anchoas, arengues, etc.) durante meses hasta que, en grupo, vuelven a remontar los mismos ríos donde nacieron y desovan antes de morir. La contaminación de los ríos y la construcción de presas y diques han expulsado a los salmones de la mayor parte de los ríos donde desovaban sus antepasados, y cada vez es más difícil encontrar poblaciones sanas y numerosas de estos peces. Se calcula que actualmente sólo quedan mil millones de salmones salvajes en todo el mundo, una cifra ridícula comparada con los que había hace sólo un siglo.
Cuando a finales de los años 60 se escogió el salmón para hacer experimentos de cría en cautividad no se escogió este pez al azar. Los huevos de salmón son, de lejos, los más grandes entre los peces de este tipo, y la tecnología de la que disponíamos entonces hacía muy difícil la cría de peces con huevos más pequeños. Gracias a eso, conocemos mucho mejor al salmón qua a cualquier otro pez, pero esto no significa que sea un pez idóneo para ser criado en granjas.

La cría del salmón
La cría del salmón empezó en Noruega, que todavía hoy es uno de los principales productores del mundo. Las aguas tranquilas y frías de sus fiordos son un lugar ideal para instalar las jaulas de red, y además allí mismo se puede encontrar mucho pescado pequeño para alimentar a los salmones. Pero las distintas especies de salmón son grandes devoradoras de pescado pequeño, y la cría era muy cara. Gracias a la selección artificial se llegó a criar una especie nueva, el salmo domesticus, que sólo necesita 3 kg de pescado para generar 1 kg de salmón, exactamente la mitad que el salmón salvaje. Además, es más gregario y sobrevive mejor enjaulado. El salmo domesticus se ha convertido, desde que fue creado en 1971, en la especie de salmón más criado en las piscifactorías de todo el mundo.
Todas las especies de salmón del mundo se concentran en las aguas frías del norte del hemisferio norte; en el hemisferio sur no hay salmones porque el ecuador hace de frontera térmica y, de forma natural, los salmones no pueden atravesarlo. Pero con el aumento de la demanda de salmón (muy apreciado y, una vez domesticado, muy barato) el salmón dejó atrás sus tierras y fue introducido en Chile, que actualmente es el segundo mayor productor de salmón de granja. El salmo domesticus se ha adaptado muy bien a las corrientes frías del sur del país y desde hace unos años las costas chilenas están llenas de piscifactorías.
 
 Argumentos a favor de la cría de salmón
Los defensores del salmón de granja tienen argumentos muy contundentes. Por un lado, es una industria que tiene un papel destacado como suministradora de proteínas a una parte importante de la población. La lucha contra el hambre pasa, según los defensores de este modelo de explotación de los recursos marinos, por criar cuanto más pescado mejor en piscifactorías alrededor del mundo. Además, las especies modificadas genéticamente consumen la mitad de pescado que las salvajes, lo cual según sus defensores es un ahorro para los ecosistemas. 

Argumentos en contra de la cría del salmón
Pero los que son contrarios a la cría del salmón también tienen argumentos de peso. Para empezar, los salmones salvajes comen más pescado que los de granja pero lo pescan ellos mismos, ahorrando a los fondos marinos todo el impacto que causan las redes de arrastre. Además, la cría del salmón ha hecho disminuir mucho el precio, lo cual comporta que el consumo de salmón haya aumentado exponencialmente y, por lo tanto, también su impacto ambiental.
En segundo lugar, los salmones domesticados hacen mucho daño a las poblaciones de salmones salvajes. Cuando un salmón domesticado se escapa (cosa que pasa millones de veces cada año) empieza a competir por la comida con los salmones salvajes, muchos de los cuales son desplazados y mueren sin poder criar. Pero estos salmones "cimarrones", una vez desplazados los salmones salvajes, son incapaces de criar. Los salmones de granja se han criado para comer mucho y crecer muy deprisa, pero han perdido el instinto para encontrar los ríos idóneos, remontarlos y desovar antes de morir. Y tampoco sobreviven a las grandes fluctuaciones térmicas, ni tienen la musculatura necesaria para nadar en corrientes fuertes. O sea, que impiden a los otros salmones tener descendencia y tampoco la tienen ellos, con lo cual el número de ejemplares disminuye drásticamente cada año.
En tercer lugar, con la aparición del pescado de granja cayeron drásticamente los precios, lo que comportó que las condiciones en las granjas empeoraran: menos espacio, más contaminación, menos oxigeno en el agua, más nitrógeno proveniente de los excrementos, etc. Con estas pésimas condiciones, parecidas a las de algunos animales de granja terrestres, aparecieron nuevas plagas y enfermedades que pasaron a las poblaciones salvajes, ya bastante castigadas por la contaminación de mares y ríos.
El cuarto argumento en contra de este tipo de industria es que en ella se acostumbra a priorizar peces grandes como el salmón, la lubina o el atún, que son básicamente carnívoros. Ya lo hemos dicho antes: como mínimo, un salmón comerá 3 kg de pescado para generar cada kg de salmón. Quizás saldría más a cuenta y tendría un impacto menor comernos directamente estos 3 kg de sardinas, arenques y anchoas, ¿no?
Por último, hay un argumento definitivo: el salmón de granja tiene un impacto mayor en nuestra salud. La mayoría de los contaminantes que hay en el mar, como el bifenilo policlorado (PCB), tan presente en nuestros océanos desde hace unas décadas, se acumulan en las grasas del pescado, y como el salmón doméstico tiene más del doble de grasa que el salvaje (un 15% el primero por sólo un 6% el segundo) tiene más contaminantes. Aparte, naturalmente, de los productos que los criadores puedan añadir al pienso de pescado para acelerar el crecimiento de los salmones o curarlos de las plagas y enfermedades. 

Muerte de los salmones salvajes
El salmón ha desaparecido de muchos ríos del hemisferio norte. En el Yukón, uno de los principales ríos salmoneros del mundo que comparten Alaska y el Canadá, casi no entró ningún salmón durante los años 2008 y 2009. Los indios yupik, que desde antes de la llegada de los colonizadores y vivían de la pesca del salmón, han empezado a sufrir hambre. El 2010 se declaró el río como zona catastrófica y no se sabe si algún día volverán los salmones. Y el Yukón no es el único río con estos problemas.
Para evitarlo, ya hace años que en muchos ríos del hemisferio norte se reintroducen salmones que se han criado en viveros. Actualmente, uno de cada tres salmones "salvajes" de Alaska ha crecido en un vivero. Y parece que, lejos de solucionar el problema, está creando algunos nuevos, porque estos salmones ayudan a exterminar a los que son realmente salvajes compitiendo por los pocos recursos que hay en estos ríos. Eso sí: si se dejara de reintroducir salmones en los ríos de los EEUU, la especie desaparecería del mapa en pocos años.

El futuro del salmón
El futuro del salmón salvaje, como el de otros muchos peces, está en peligro. Incluso el salmón de granja tiene un futuro incierto, porque depende de la pesca de grandes cantidades de pescado pequeño y las poblaciones de estos "alimentos para salmón" también están disminuyendo de forma alarmante. Hay que poner orden en este tipo de industria alimentaria antes de que sea demasiado tarde.
¿Cómo? Una de las primeras acciones que podrían llevarse a cabo es una moratoria en la pesca del salmón salvaje y de las especies que se pescan para alimentar el salmón de granja. En la historia de la pesca comercial se habla de la Segunda Guerra Mundial como de "el gran indulto", porque el hecho de que durante cinco o seis años se detuviera la pesca en alta mar (los barcos de pesca tenían miedo de encontrar submarinos) supuso la rápida recuperación de la mayoría de especies amenazadas. Existen precedentes: actualmente, buena parte de los grandes bancos de bacalao del Atlántico norte están a salvo de la pesca durante parte del año para evitar la extinción de la especie. Pero parece que la industria del salmón no está dispuesta a hacer lo mismo, y ni los estados ni los organismos internacionales contemplan esta posibilidad. Actualmente, sólo un 1% de los hábitats oceánicos están protegidos, y la ONU calcula que la actual flota pesquera mundial es dos veces mayor de lo que los mares pueden soportar.
Orri Vigfússon, un pescador islandés jubilado, ha encontrado una forma de llevar a cabo una moratoria de la pesca del salmón sin contar con los estados; al frente de su organización, se dedica a comprar los derechos de pesca del salmón en el Atlántico norte... y no usarlos. Así, evita que otros barcos capturen las cuotas de salmón que él ha comprado y permite a estos peces crecer y llegar a desovar. Puede parecer una solución utópica, pero los biólogos especialistas en salmones dicen que hacía años que, en el trozo de océano que va de las islas Feroe hasta Islandia, no se veían tantos salmones.
A nivel particular, nosotros como consumidores también podemos hacer presión para rebajar la pesca del salmón: basta con no comprarlo, o comprar menos. Y es que cada vez que vamos al mercado y abrimos el portamonedas estamos depositando un voto en el gran referendum sobre qué mundo queremos.
Por último, hay otra solución: mejorar las condiciones de las piscifactorías y hacer que disminuya su impacto ambiental. Algunas empresas ya practican lo que se llama acuicultura multitrófica integrada, que consiste en combinar especies que necesitan alimentación (como el salmón) con otras especies que reciclen buena parte de los excrementos de estos peces, como algas, mejillones y erizos de mar. Esto, aparte de reducir la contaminación de las piscifactorías y extraer otros productos sin aumentar el impacto, tiene beneficios para la salud: se ha descubierto que los mejillones absorben algunos de los virus de la anemia infecciosa del salmón y rompen el ciclo de la enfermedad, y los estudios de este tipo apenas están empezando a aparecer.

Fuentes:
    1. La principal fuente de información de este artículo es el libro de Paul Greenberg Cuatro peces. El futuro de los últimos alimentos salvajes: http://www.sellorba.com/cuatro-peces_el-futuro-de-los-ultimos-alimentos-salvajes_paul-greenberg_libro-ONFI458-es.html
    2. Los ácidos grasos Omega-3: http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81cido_graso_omega_3
    3. Los grasos insaturados: http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81cido_graso_insaturado
    4. El salmón: http://es.wikipedia.org/wiki/Salm%C3%B3n
    5. Los bifenilos policlorados (PCB), uno de los grandes contaminantes industriales de nuestros océanos: http://es.wikipedia.org/wiki/Bifenilos_policlorados
    6. Orri Vigfússon, el pescador islandés que lucha para salvar el salmón: http://www.goldmanprize.org/2007/islands
    7. la acuicultura multitrófica integrada: http://es.wikipedia.org/wiki/Acuicultura_multitr%C3%B3fica_integrada

   
   
   
   

domingo, 20 de mayo de 2012

Alimentos del más allá


Hace unos meses hablábamos en este blog de la importancia de comer productos de consumo local. No tiene mucho sentido, decíamos, pescar gambas en Escocia, llevarlas a China para pelarlas y envasarlas, y volverlas a traer a Europa para consumirlas. Es una monstruosidad absolutamente insostenible.
Gracias a un estudio hecho por la asociación ecologista Amigos de la Tierra e investigadores de las universidades de Vigo y Sevilla, nos podemos hacer una idea clara de lo que significa exactamente esta monstruosidad. Pongámosle unas cuantas cifras.
Aunque cada vez tenemos más conciencia del problema, nuestros hábitos en este tema son cada vez peor. Entre 1995 y 2007 las importaciones de alimentos en España se han incrementado en un 53%. Actualmente importamos cada año 29.000 millones de quilogramos de alimentos. Un 29 seguido de 9 ceros. ¿No está mal, no? Y esto tiene un coste ambiental: 4,7 millones de toneladas de CO2 emitidas a la atmosfera que ayudan a acelerar el cambio climático.
¿Cómo llegan a España? El 70% llegan en barco y el resto, básicamente, por carretera. También hay alimentos que llegan en tren o avión, pero son porcentajes muy pequeños. Aún así, el transporte en avión es muy contaminante: sólo supone un 0,22% del total de los alimentos que traspasan nuestras fronteras pero es responsable del 16% del total de emisiones de CO2 que generan las importaciones. ¡Suerte que sólo es el 0,22%!
Para acabar de hacerlo mal, todos estos alimentos no los importamos precisamente de la esquina: de media, hacen 5.013 km antes de llegar a España. Los menos viajeros son los productos lácticos, que recorren una media de 1.339 km. Los que vienen de más lejos son los piensos para animales, que recorren 7.901 km. ¡Y no vale decir que tu no consumes pienso, a no ser que seas vegetariano y no tomes ni leche ni huevos!
En 1995 el país del que importábamos más alimentos eran los EEUU, con un 24% del total. Pero nuestros hábitos han cambiado: actualmente importamos un 39% de los alimentos de América Latina, sobre todo de la Argentina, que ha pasado del 4,25%  de 1995 al 25%.

Aquí puedes ver una lista de los principales países de procedencia:
  • Vino: Chile, Argentina e Italia
  • Lácticos y huevos: Francia, Portugal y Alemania
  • Café i cacao: Vietnam, Alemania y Brasil
  • Animales vivos: Países Bajos, Francia y Suiza
  • Preparados: Europa
  • Productos cárnicos: Francia, Brasil, Alemania y Países Bajos
  • Garbanzos: México
  • Pescado: Argentina, Marruecos, China, Francia y Portugal
  • Cereales: Brasil, Francia, EEUU y Argentina
  • Cerdos: Francia, Países Bajos y Hungría
  • Frutas y legumbres: Francia, Tailandia y Portugal
  • Piensos: Argentina
  • Soja: Argentina y Brasil
  • Azúcar: Francia, India y Portugal

¿No tiene mucho sentido, no? Cuando vayas a comprar, fíjate de dónde vienen tus alimentos. Es el primer paso para empezar a cambiar nuestros hábitos de consumo.

Fuentes:
  1. Artículo de Dando datos sobre la importancia de comer productos de consumo local: http://www.dandodatos.com/2011/08/comida-sin-fronteras.html
  2. Informe Alimentos kilométricos. Las emisiones de CO2 por la importación de alimentos al estado español hecho por la asociación ecologista Amigos de la Tierra e investigadores de las universidades de Vigo y Sevilla: http://issuu.com/amigos_de_la_tierra_esp/docs/informe_alimentoskm
  3. Amigos de la Tierra: http://www.tierra.org/spip/
    
    
    
    

lunes, 15 de agosto de 2011

Comida sin fronteras


Un cargamento de gambas recién pescadas sale de las playas escocesas y viaja hasta China, donde la mano de obra es muy barata, para ser peladas. Una vez terminado el trabajo, vuelven a subir en un barco para ser vendidas... en el Reino Unido. Seguramente, alguna de estas gambas se las comerán en Escocia, justo delante de la playa donde fueron pescadas. Las gambas que pescan los canadienses, en cambio, viajan hasta Islandia para que las pelen antes de ser comercializadas en cualquier otro punto del planeta. Y esto pasa con muchos productos: buena parte de lo que comemos y bebemos ha sido cultivado o manufacturado a miles de kilómetros del sitio donde será consumido. Realmente, no tiene ningún sentido.
Esta locura tiene un coste evidente para el planeta. Dave Reay, autor del libro Climate Change Begins at Home, calcula que entre el 10 y el 20% de nuestro impacto en el clima es debido a la comida: a su elaboración, transporte y manufacturación.
Para acabar con esta práctica suicida se han planteado muchas soluciones, como por ejemplo gravar con impuestos los productos menos eficientes en este sentido, pero la mejor solución es, simplemente, utilizar el sentido común. Nuestro poder como consumidores es mucho más grande de lo que pensamos y optar por no consumir productos que supongan un gran despilfarro energético (y hacer un poco de campaña entre amigos y conocidos) puede cambiar muchas cosas.
Como siempre, hay gente que lleva mucho tiempo haciéndolo. Los integrantes del movimiento Slow Food, por ejemplo, en su intento de cambiar de arriba a abajo nuestra relación con la comida, incluyen entre sus recomendaciones el hecho de comer y beber productos cultivados cerca de casa. No son los únicos.
El movimiento que reclama consumir productos de proximidad ha recibido muchos nombres: kilómetro cero, dieta de los 100 kilómetros (o 100 millas), Consumo Local (Local Food), dieta baja en CO2 o Locavore son los más conocidos, pero hay más. Naturalmente, no hace falta pertenecer a ningún movimiento para comer local, basta con dejarse guiar por el sentido común: cambiar la cerveza de importación por una marca local que te guste, beber vino del país, preguntar en la frutería, pescadería o carnicería de donde viene cada cosa y escoger productos que no vengan de la otra punta del mundo. Internet está lleno de sitios con consejos e ideas para favorecer el consumo local, basta con teclear en un buscador alguno de los nombres que acabamos de dar.
Una buena manera de empezar a pensar en el tema: la próxima vez que vayas a comprar o que hagas la comida, echa un vistazo a las etiquetas de los productos y mira de donde viene cada ingrediente. Verás que muchos de ellos pueden ser sustituidos por productos locales de la misma calidad (e incluso mejores). Simplemente, no lo habías pensado antes.

Fuentes:

  1. Gambas escocesas que viajan a China para ser peladas: http://www.elpais.com/articulo/economia/Varias/empresas/llevan/China/gambas/pescadas/Escocia/pelarlas/mano/elpepueco/20070521elpepieco_6/Tes
  2. La afirmación de que entre el 10 y el 20% de nuestro impacto en el clima es debido a la comida proviene del libro Climate Change Begins at Home, de Dave Reay: http://www.opendemocracy.net/arts/climate_change_3012.jsp  
  3. Slow Food España: http://slowfood.es/



lunes, 25 de abril de 2011

Sobrevivimos gracias a los vegetarianos


Puede haber muchos motivos para ser vegetariano (y muchos para no serlo), pero en todo caso hoy no queremos hablar de los argumentos que mueven a alguien a hacerse vegetariano sino de lo que pasa con los millones de personas que son "vegetarianos a la fuerza", es decir, que tienen una dieta sin proteínas de origen animal (o muy pocas) porque no tienen acceso a la carne.
La producción de carne es más costosa (en dinero y en superficie) que la producción de hortalizas o de grano porqué los animales necesitan comer grandes cantidades de vegetales por cada quilo de carne que producen. Esto ha hecho que, desde que dejamos de ser cazadores-recolectores, comer carne sea un lujo al que no todo el mundo tiene acceso.
La FAO anunció en 2002 que el nivel de producción actual de alimentos serviría para cubrir
las necesidades de toda la población mundial y todavía tendríamos un excedente del 10%,
pero es evidente que algo falla porqué buena parte de la población mundial padece hambre. ¿Cómo puede ser? Pues porque una parte importante de los alimentos que producimos se destinan a otras cosas, como a hacer biocombustibles o alimentar al ganado.
En Occidente tenemos una dieta muy rica en carne y alimentos no básicos, y esta dieta pide grandes cantidades de suelo agrícola. Concretamente, la dieta que lleva un occidental no vegetariano supone unas necesidades de 4.000 m2 de suelo cultivable per cápita. En cambio, una dieta vegetariana basada en cultivos intensivos sólo necesita entre 700 y 800 m2 de suelo per cápita.
Actualmente, la mayor parte de la población mundial no tiene acceso a una dieta "a la occidental", y eso nos ha permitido seguir alimentándonos así: si todos los habitantes del planeta necesitáramos 4.000 m2 de suelo agrícola per cápita para alimentarnos no tendríamos suficiente con un solo planeta. ¿Pero qué pasará el día que el hambre desaparezca, la pobreza se reduzca y el resto del planeta reclame su derecho a alimentarse como nos alimentamos nosotros? Naturalmente, será insostenible. Solamente hay dos posibilidades: o reducimos nuestro consumo de carne o seguimos con la dieta actual obligando a los demás a pasar hambre. La primera posibilidad no es tan extrema como pueda parecer, ni obliga a abandonar completamente nuestros hábitos carnívoros: la FAO calcula que habría suficiente con una dieta equilibrada, con un 30% de proteínas de origen animal (sobre todo lácticos, huevos, aves y cerdo), con un cultivo moderadamente intensivo y 2.500kcal per cápita (que es un poco más de lo que recomienda la OMS) para alimentar 10.000 millones de personas sin necesidad de aumentar la superficie cultivada que tenemos actualmente. Con este tipo de dieta solamente harían falta 1.500 m2 de suelo cultivable per cápita: prácticamente una tercera parte de lo que consumimos actualmente en Occidente.
Tampoco se trata de un cambio tan radical en nuestra alimentación, y supondría una mejora en las  condiciones de vida de millones de personas. No podemos seguir consumiendo la cantidad ingente de carne que consumimos actualmente porque no salen los números; podemos empezar a hacer cambios en nuestras vidas y en nuestras dietas poquito a poco o seguir dando la espalda al problema un par de generaciones más, pero al final no tendremos más remedio que actuar. Como decía Gandhi, debemos vivir sencillamente para que otros puedan, sencillamente, vivir.  

Fuentes:

  1. Web de la FAO: http://www.fao.org/index_es.htm
  2. Post de Dando Datos sobre el hambre: http://www.dandodatos.com/2010/11/cuanto-costaria-erradicar-el-hambre-en.html
  3. Web de la OMS: http://www.who.int/es/
  4. La frase de Gandhi: http://es.wikiquote.org/wiki/Mohandas_Gandhi


domingo, 10 de abril de 2011

Delfines en lata


El atún es uno de los pescados más consumidos en el mundo, sobre todo en lata. Sólo en el Reino Unido, en 2006 se consumieron 700 millones de latas de atún. Para pescar tantos atunes se utilizan métodos muy agresivos que discriminan muy poco lo que pescan: se calcula que, de cada diez quilos de captura, uno pertenece a otras especies (tortugas, tiburones, delfines y rayas) o a atunes demasiado jóvenes para ser pescados.
Desde los años 80, asociaciones como Greenpeace y el Instituto Earth Island luchan para concienciar a la opinión pública sobre la salvajada que supone este tipo de pesca. La simpatía que despiertan los delfines en todo el mundo ha dotado de cierto éxito a estas campañas y actualmente existen una serie de sellos llamados Dolphin Safe que destacan aquellas empresas que no capturan delfines durante la pesca del atún, aunque existen muchas dudas acerca de los métodos usados para certificarlo. Además, estos sellos no dicen nada de tortugas, tiburones y rayas, por ejemplo.
Aunque es una práctica interesante, no es suficiente con este sello para controlar el espectacular impacto ecológico de la pesca del atún. Para empezar, deberíamos regular mejor los métodos de pesca, evitando los que son absolutamente insostenibles. Pero no es suficiente con esto: debemos reducir el consumo de atún y de proteínas de origen animal en general si queremos seguir alimentándonos todos. Sencillamente, no es posible basar la alimentación de 7.000 millones de personas en proteínas de origen animal.

Fuentes:
  1. Artículo de Greenpeace de 2008 sobre la pesca del atún: http://www.greenpeace.org/raw/content/usa/press-center/reports4/canned-tuna-s-hidden-catch.pdf
  2. El sello Dolphin Safe: http://en.wikipedia.org/wiki/Dolphin_safe_label
  3. Listado de empresas por países que tienen el sello Dolphin Safe: http://www.earthisland.org/dolphinSafeTuna/DolphinSafeCanners.html

domingo, 9 de enero de 2011

¿Cerveza de botella o de barril?


Hay gente que tiene muy claro que prefiere la cerveza de barril a la de botella (o al revés) pero hay mucha gente a los que no les importa demasiado siempre que la cerveza esté muy fría. A estos últimos quizás los siguientes cálculos les hagan inclinar la balanza y convertirlos en defensores de la cerveza de barril.
Un barril estándar contiene 30 litros de cerveza. Contando que de cada barril se pierde entre medio litro y un litro cuando servimos las copas, de cada uno podemos sacar un promedio de 88 copas de 330 ml, el equivalente a una mediana. Un barril tiene una vida útil de unos diez años, y aunque durante este tiempo puede rellenarse tantas veces como se quiera, normalmente se rellena unas seis veces al año. Resumiendo: de cada barril se pueden tirar 5.280 cañas del tamaño de una mediana.
Ahora pasemos a las botellas. Una botella de cerveza de 330 ml puede rellenarse (después de limpiarla y tratarla en la planta de embotellamiento) hasta 7 veces, aunque casi siempre se rompe antes. La media son 5 veces. Esto quiere decir que cada barril equivale a 1.056 botellas de cerveza rellenadas cinco veces.
Por último, hagamos un pequeño cálculo de la cerveza que beberemos a lo largo de nuestra vida, lo cual es difícil porqué no hay dos personas que tengan exactamente los mismos hábitos. Pero me parece razonable estimar que alguien que sea amante de la cerveza pero sin problemas de alcoholismo pueda beber una botella o copa al día, aunque a menudo acumule las de toda la semana en los dos últimos días. Este bebedor estándar, que beberá 365 cervezas al año, en 50 años habrá bebido 18.250, unos 6.083 litros.
Mirémoslo de este modo. En toda la vida, un bebedor de cerveza estándar que opte por la cerveza de botella habrá consumido unas 3.650 botellas de vidrio (cada una rellenada y rebebida cinco veces); un bebedor que opte por el barril habrá consumido unos tres barriles y medio (rellenados y rebebidos sesenta veces cada uno). Imaginad una montaña de residuos hecha con 3.650 botellas de vidrio y, al lado, tres barriles y medio de cerveza.
La conclusión es evidente: el impacto ecológico del bebedor de cerveza de barril es mucho menor. Si realmente te da igual… ¡la opción está clara!

Fuentes:

Para hacer estos cálculos hemos enviado un pequeño cuestionario a una docena de empresas cerveceras. Los razonamientos los hemos hecho alrededor de una mesa de bar con una cerveza en la mano. De barril, naturalmente.