domingo, 30 de octubre de 2011

El ciberactivismo y la Twitter revolution


Durante la serie de revueltas en los países del Magreb y Oriente medio que empezó con la inmolación de Mohamed Bouazizi en Túnez en diciembre de 2010 y que conocemos como la Primavera Árabe, las nuevas tecnologías tuvieron un papel fundamental. Los historiadores del futuro juzgarán cuál fue exactamente este papel y si fue determinante o no, pero en todo caso es evidente que buena parte de las movilizaciones se canalizaron a través de Twitter, Facebook y los blogs personales de un montón de activistas. No era la primera vez, ni mucho menos, que Internet, las redes sociales y los teléfonos móviles aparecen en las manifestaciones populares: ya habían aparecido durante las revueltas del 2009 posteriores a las elecciones presidenciales en Irán o las elecciones parlamentarias de Moldavia, durante las revueltas del mismo año en Sinkiang, en el oeste de China o incluso, por poner un caso más cercano, durante las manifestaciones de indignación contra la manipulación informativa posterior a los atentados del 2004 en Madrid, que fueron convocadas y seguidas por sms y que, sin este canal de comunicación, probablemente no habrían tenido tanta importancia. Pero ha sido durante las revueltas árabes que la sociedad ha tomado conciencia del papel fundamental que pueden jugar estas herramientas en el mundo del activismo.
Entre los teóricos del tema no hay consenso sobre si realmente estas herramientas juegan un papel tan importante como dicen los ciberutópicos o por el contrario, como sostienen los ciberescépticos, todo esto se ha magnificado mucho. Es un debate que durará años y que dará de comer a los sociólogos y politólogos del futuro. Pero una cosa sí que está clara: las nuevas tecnologías cada vez están más presentes en los movimientos sociales y tienen un papel más activo en cualquier tipo de activismo.
Y no sólo en los grandes acontecimientos históricos (lo que el profesor Evgeny Morozov, uno de los ciberescépticos más influyentes, bautizó como "revueltas Twitter" en un famoso artículo en su blog). En el mundo hay miles de ciberactivistas que usan las herramientas informáticas para hacer llegar su mensaje, coordinar campañas o, simplemente, mantenerse en contacto con otros activistas. Este tipo de activistas existen en todas partes, pero donde toman más importancia es en los países donde la represión contra la libertad de expresión es mayor y donde los derechos democráticos están más cuestionados. Cuando el ejército o la policía impiden a los manifestantes salir a la calle, siempre les queda la otra plaza pública: Internet. Un ejemplo muy claro es el de Arabia Saudí, donde la mayor parte de bloggers son mujeres que no tienen otra forma para expresarse, como se lee en un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF). Naturalmente, la represión contra los ciberactivistas, aunque a menudo son más difíciles de cazar que los activistas "analógicos", también es cada vez mayor. Según las estimaciones de RSF, en lo que llevamos de año 123 ciberactivistas han sido encarcelados, 70 de los cuales en China. El siguiente país con más internautas presos es Irán con 20, seguido de Vietnam con 17 y Siria con 4. El crecimiento del ciberactivismo (y de la represión) puede verse claramente en este dato: 109 internautas fueron encarcelados en 2010 contra los 123 de este año, y en 2009 fueron 83, 58 en 2008, 50 en 2007... Crece la fuerza del ciberactivismo y también la censura y la represión. Las autoridades saudís, por ejemplo, admiten tener bloqueadas 400.000 páginas web, entre las cuales hay muchas plataformas de blogs. China tiene un ejército de 40.000 censores que se dedican a rastrear la red buscando cualquier acto de disidencia para bloquearlo. En el mundo, uno de cada tres internautas no tiene acceso libre a la red, según datos de RSF.
Pero Internet es un campo muy grande y muy difícil de vallar, y por eso los censores, cada vez más, prefieren manipular los contenidos que simplemente cortar la conexión o bloquear una web. Muchos gobiernos tienen equipos de agentes que se dedican a enterrar los mensajes negativos contra el régimen que hay en la red con miles de mensajes positivos presumiblemente escritos por otros ciudadanos. Probablemente, este será el camino de la censura y la represión en el futuro, porque ha quedado claro que la censura pura y dura es ineficiente: los ciberactivistas siempre encontrarán un agujero para colarse. Si os interesa lo que se cuece en el mundo, buscad en blogs y redes sociales. Y para empezar, podéis echar un vistazo a nuestro Twitter!

Fuentes:

  1. La primavera árabe: http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=2907372&id_sello_editorial_web=34&id_sello_VisualizarDatos=34
  2. Una buena manera de introducirse en la blogosfera de los países del Magreb y Oriente medio es el blog de la periodista Lali Sandiumenge Guerreros del Teclado: http://sajafia.blogspot.com (del (2007 a la Primavera Árabe) y http://blogs.lavanguardia.com/guerreros-del-teclado/ (los últimos meses)
  3. El debate entre ciberutópicos y ciberescépticos: http://www.lanacion.com.ar/1356884-ciberutopicos-v-ciberescepticos
  4. El post sobre la revuelta en Moldavia en el que se acuñó el término "revuelta twitter": http://neteffect.foreignpolicy.com/posts/2009/04/07/moldovas_twitter_revolution
  5. Informe Enemigos de Internet 2011 de Reporteros Sin Fronteras (RSF): files.rsf-es.org/200000877-dcb20ddac0/RSF_ENEMIGOS_DE_INTERNET_2011.pdf
  6. El barómetro de la libertad de prensa 2011 de RSF: http://es.rsf.org/
  7. Un artículo de Dando datos sobre la censura en Internet: http://www.dandodatos.com/2010/10/la-censura-en-internet.html
  8. Artículo en el periódico Liberation (21/08/2011) sobre la censura en Internet en China: http://www.liberation.fr/monde/01012357064-pekin-s-acharne-contre-les-microblogs
  9. El Twitter de Dando datos:  https://twitter.com/#!/DandoDatos
  10. Artículo de Manuel Castells sobre las implicaciones políticas de estos movimientos:  http://www.lavanguardia.com/politica/20111022/54234096793/movimiento-y-politica.html
 
 
 
 

domingo, 23 de octubre de 2011

Pagando por contaminar


Desde que empezó la revolución industrial hace más de dos siglos las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera no han parado de aumentar. Sabemos que estos gases (el CO2, el metano, el óxido nitroso o los famosos CFC que destruyen la capa de ozono) son los principales responsables del calentamiento global, y que si no encontramos una solución rápido sufriremos un cambio climático irreversible que puede ser absolutamente destructivo para la vida en nuestro planeta. También sabemos que el gas que más contribuye al efecto invernadero (por el volumen de gas que emitimos, no porque sea el más nocivo) es el CO2, y que las emisiones se deben, sobre todo, a la quema de combustibles fósiles. Existen otras causas como la deforestación (que libera grandes cantidades de CO2 y destruye los árboles que lo podrían reabsorber), pero la quema de petróleo, carbón y gas es la causa principal.
Si sabemos todo esto, ¿por qué no lo arreglamos? Con esta idea en la cabeza, en 1997 la ONU auspició el Convenio internacional para la prevención del cambio climático, que acabó aprobando lo que conocemos como Protocolo de Kioto. El objetivo de este tratado internacional es que los países industrializados reduzcan sus emisiones un 8% por debajo del volumen que emitían en 1990, una cifra no muy ambiciosa pero suficiente como plan de choque contra el calentamiento global. La historia de la ratificación del Protocolo de Kioto es muy compleja, porque hacía falta que lo firmaran los países responsables de como mínimo el 55% de las emisiones para que se convirtiera en un tratado internacional de obligado cumplimiento, y ante la negativa de los EEUU y de Rusia a ratificarlo las negociaciones fueron muy largas. Finalmente, en 2005 Rusia firmó y llegamos al 55% necesario, aunque a cambio la UE se comprometió a financiar la reconversión industrial rusa y la modernización de sus plantas petrolíferas. En las negociaciones de tratados internacionales nadie firma nada si no saca algo a cambio. Los EEUU, por otra parte, todavía no lo han firmado.
El problema es que, ahora que el Protocolo de Kioto ha entrado en vigor, ha quedado claro que es una herramienta que no sirve para mucho. El tratado está muy bien pero, como siempre que se firma algo, hay que ir con cuidado con la letra pequeña. Y en la letra pequeña del Protocolo de Kioto hay una cláusula que habla de "mecanismos de flexibilidad" y que es la culpable de que la cosa no funcione.
Lo resumiremos: el tratado fija las emisiones de CO2 que cada país puede emitir cada año. Como los efectos de la contaminación son globales y no importa dónde se contamine porque todo va a parar al mismo sitio, se pensó que sería una buena idea convertir los derechos de emisión de cada país en cuotas de CO2 que se pudieran comprar y vender, de modo que si un país tiene una cuota más alta de lo que realmente necesita pueda vender lo que le sobra a otro país que haya sobrepasado su límite. O sea, que como yo tengo mucha hambre y tú no te has terminado tu pedazo de tarta, me como el mío, te compro una parte del tuyo y todos contentos. Como que los países más ricos tienen más industria y por lo tanto les costaría más reducir las emisiones, gracias a este mecanismo pueden comprar cuotas a los países pobres, con mucha menos industria, y entre todos contaminamos lo que está asignado en el tratado. Además, el dinero que se pague por estas cuotas de CO2 deberá usarse para implantar tecnologías limpias en los países en vías de desarrollo, que así "crecerán sanos" y sin contaminar. Todo esto ayudaría a reducir el total de nuestras emisiones beneficiando a todo el mundo: a los ricos porque no deben reducir su producción y a los pobres porque tienen dinero para implantar energías limpias. Sobre el papel no parece mala idea. Pero en la práctica es muy distinto.
En primer lugar, estos mecanismos de flexibilidad han servido para que los países del norte sigan contaminando tanto o más que antes, con la única diferencia que ahora deben pagar un poco. Pero sigue saliendo muy barato, porque el dinero que pagan se destina a proyectos en los países del sur que, curiosamente, se encargan a las mismas empresas transnacionales que contaminan y pagan en el norte. O sea que, de momento, todo queda en casa. En los países ricos se contamina lo mismo, muy por encima de las cuotas exigidas, pero como se compran las cuotas de otros países todo queda legitimado y nadie puede quejarse: hemos cumplido con el Protocolo de Kioto. En los países pobres las cosas tampoco van demasiado bien, porque muchos de los proyectos aparentemente limpios siguen teniendo combustibles fósiles como base y, por lo tanto, contaminan más que antes. Y encima la mayor parte los llevan a cabo empresas extranjeras que se llevan los beneficios y no los reinvierten en el país. Al final, en el conjunto del planeta las emisiones aumentan cada año, pero todo el mundo tiene la conciencia tranquila. Y no sólo no disminuyen las emisiones de CO2 sino que aumenta la desigualdad entre países ricos y países pobres y aparece un nuevo mercado para especular: el de la compraventa de derechos de emisión. Es lo que ya se conoce como colonialismo del carbono.
Un ejemplo: en mayo de 2011 España ya había gastado su cuota anual de derechos de emisión de CO2. Como no podía dejar de emitir gases ni se había hecho absolutamente nada para reducir las emisiones, nos limitamos a comprar derechos de emisión a Senegal y a seguir contaminando.
Y una pequeña anécdota: uno de los principales impulsores de estos mecanismos de flexibilidad (y el que presionó a la UE para que los aprobara) fue un exvicepresidente de los EEUU reconvertido en activista ambiental: Al Gore. ¿Curioso, no?
Una vez llegados hasta aquí, la pregunta es inevitable: ¿ha servido de algo, el Protocolo de Kioto? La respuesta que más me gusta es la que aparece en un artículo de Gwyn Prins y Steve Rayner aparecido en la revista Nature: "El Protocolo de Kioto es importante simbólicamente como expresión de la preocupación de los gobiernos por el cambio climático, pero como instrumento para reducir las emisiones ha fracasado".

Algunos datos sobre las emisiones de CO2 en el mundo:

No hay acuerdo para saber qué país es el que emite más CO2 en la atmósfera, pero en todas las listas las dos primeras posiciones se las disputan los EEUU y China (a veces gana uno, a veces el otro). En tercer lugar siempre está la Unión Europea, aunque si lo que contamos no son las emisiones totales de un país sino las emisiones per cápita, la UE pasa al puesto número 10, China al 19 y los primeros puestos son para los EEUU, Australia y Canadá. En cualquier caso, la lista de los países más contaminantes siempre tiene los mismos nombres en distinto orden: los países más industrializados y algunos de los grandes gigantes emergentes como China, Brasil, Rusia, Irán o Turquía.
La contaminación por emisión de CO2 es cosa de los más grandes: los 10 países que más contaminan emiten el 67,07% del total. España (47 millones de habitantes) emite 30 veces más CO2 que Kenia (41 millones) y 175 veces más que la República Democrática del Congo (70 millones).

Fuentes:

  1. El texto del Protocolo de Kioto: http://unfccc.int/resource/docs/convkp/kpspan.pdf
  2. Sobre el "colonialismo del carbono": http://www.carbontradewatch.org/in-the-media-castellano/el-comercio-del-co2-es-una-nueva-forma-de-colonialismo.html
  3. El artículo de Gwyn Prins y Steve Rayner en la revista Nature sobre los resultados del Protocolo de Kioto: http://www.nature.com/nature/journal/v449/n7165/full/449973a.html
  4. Listado de emisiones de CO2 por países: http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_emisiones_de_di%C3%B3xido_de_carbono
  5. Emisiones de CO2 per cápita: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c4/CO2_emission_2002.png

 
 
 
 

lunes, 17 de octubre de 2011

Erradiquemos la pobreza (aunque sea por egoismo)

Existen muchas razones por las cuales uno puede querer erradicar la pobreza. La principal es que la pobreza es la injusticia más importante de nuestro tiempo, y la lucha contra la injusticia es (o debería ser) uno de los principales objetivos de nuestros actos. Pero es evidente que hay quien no tiene ningún interés en acabar con la pobreza, sea porque considera que todos tenemos las mismas oportunidades y que quien es pobre es porque no las sabe aprovechar (que aunque sea un argumento estúpido está mucho más extendido de lo que parece) o porque, aunque considere que es una injusticia, prefiere seguir así y sacar el máximo partido a la situación.
Contra esto hay un argumento definitivo: eliminar la pobreza es la mejor forma de aumentar el bienestar y la calidad de vida de una sociedad, incluidas sus capas más ricas. O sea, que incluso los que más se benefician de la existencia de la pobreza se beneficiarían de su erradicación. En la lucha contra la pobreza todo el mundo sale ganando.
Este es el principal argumento del libro Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva escrito por el economista Richard Wilkinson y la antropóloga Kate Pickett. El razonamiento que plantea este interesantísimo libro es el siguiente:
 Hay una serie de problemas sociales y de salud que afectan especialmente a los más pobres y que, por lo tanto, están más extendidos en los países del Tercer Mundo que en los países ricos: mala salud, violencia, enfermedades mentales, adicción al alcohol y las drogas, esperanza de vida baja, mortalidad alta, obesidad, madres adolescentes, bajo rendimiento escolar en niños, incremento de los homicidios, tasa de población reclusa alta y poca movilidad social. Estos problemas son más graves en las sociedades más pobres, y si comparamos El Salvador con Francia, por ejemplo, o Nigeria con Suiza, veremos claramente de qué hablamos.
Hasta aquí lo que ya sabíamos. Lo que han descubierto estos investigadores es que entre los países ricos estos problemas no disminuyen a medida que aumenta la riqueza: donde se vive mejor es en los países que tienen menos desigualdades. Para entenderlo, miremos este gráfico donde aparecen los países más ricos del mundo (algunos países de Europa, Canadá, EEUU, Japón, Australia y Nueva Zelanda):
    


En el eje vertical hay un índice elaborado a partir de los problemas sociales y de salud que hemos listado más arriba con datos sacados de la OMS, la ONU, la OCDE, la UNICEF y agencias estatales de cada país. Cuanto más arriba está, más problemas tiene un país. En el eje horizontal está la desigualdad en la renta de los ciudadanos: cuanto más a la derecha, más desigualdad existe entre las rentas de los habitantes de un país. Como puede verse, los países en los que las rentas son más desiguales (los ricos son más ricos y los pobres más pobres) tienen más problemas. Y estos problemas no sólo afectan las capas bajas: si sacamos de la ecuación a los más pobres del país, el gráfico sigue siendo el mismo: entre los ricos de los EEUU, por ejemplo, hay más problemas que en Finlandia.
Resumiendo: en los países con más desigualdad incluso los ricos tienen una esperanza de vida más corta, peor salud, más violencia, más adicciones y, en definitiva, una calidad de vida y un bienestar menor. El país que tiene más problemas sociales y de salud de todos los estudiados también es el que, aún siendo uno de los países más ricos del mundo, tiene las rentas más mal repartidas: los EEUU. En el otro extremo, con menos problemas y menos desigualdad, están Japón y los países nórdicos. Si reducimos las desigualdades, reduciremos los problemas sociales.
Tengamos en cuenta una cosa: lo que plantea este libro no es ninguna utopía. No se explica cómo deberían funcionar las sociedades que no funcionan comparándolas con sociedades ideales, sino comparándolas con sociedades que ya existen. Y si repartir mejor la riqueza ayudaría a los países ricos más desiguales a vivir mejor, también lo podríamos aplicar al mundo entero: luchar contra la pobreza en Bolivia, por ejemplo, no sólo beneficiará a los bolivianos sino al resto de países del mundo.

Fuentes:

  1. Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva, de Richard WILKINSON y Kate PICKETT: http://www.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=329





  

domingo, 16 de octubre de 2011

Documentos Dando datos


A partir de hoy, en el botón de arriba a la derecha ("Documentos Dd") podréis encontrar los documentos que acompañan nuestros posts y que sirven para hacer difusión de las ideas que defendemos en ellos.
Para empezar, hemos colgado unas tarjetas con los argumentos que dábamos en el post sobre la propina; los podéis imprimir, recortar y dejar en el platillo de la cuenta en los bares y restaurantes.
Todos estos documentos tienen licencia Creative Commons. Es decir, que los podéis usar, tunear y pasar tanto como queráis.

domingo, 9 de octubre de 2011

Legislando la homosexualidad


A principios de 2011 aparecieron, en un periódico de Uganda, un centenar de fotografías de personajes populares que formaban parte de la comunidad homosexual del país. Las fotografías iban acompañadas de sus nombres y domicilios y de un titular en portada: "¡Colgadlos!". Unos días más tarde un desconocido asesinaba al activista homosexual David Kato, el primero de la lista en caer. Hacía unos meses que la presión internacional había conseguido que el parlamento de este país del África oriental retocara la nueva propuesta de ley sobre la ilegalización de la homosexualidad para que "los reincidentes" no fueran castigados con la pena de muerte sino con la cadena perpetua.
Uganda es un caso extremo de persecución de la homosexualidad, pero no es, ni mucho menos, un caso aislado. En el mundo hay muchos países en los que las leyes condenan, de una forma u otra, la homosexualidad; y son pocos los que tienen leyes que equiparen los derechos de los homosexuales con los de los heterosexuales. Echemos un vistazo.
No fue hasta el 2008 que se rompió el tabú de hablar de los derechos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) en la asamblea de la ONU, y fue para aprobar la Declaración sobre orientación sexual e identidad de género de las Naciones Unidas que condena la violencia, asedio, discriminación, exclusión y estigmatización basados en la orientación sexual. Pero fue una victoria pírrica: sólo 66 de los 192 países de la ONU votaron a favor (39 de los cuales eran europeos). Es más, inmediatamente se redactó otra declaración en contra, con el voto de 57 países (y el apoyo del Vaticano, que no es miembro de la ONU sino observador permanente) con argumentos tan absurdos como que legalizar la homosexualidad significaba dar legitimidad a los pederastas. Hasta hoy, ninguna de las dos declaraciones ha podido prosperar para convertirse en resolución y no parece que, en breve, la asamblea tenga que ponerse de acuerdo.
Y mientras tanto, cada estado tiene su propia legislación. Con respecto a los castigos, 7 países tienen pena de muerte contra la homosexualidad (Mauritania, Sudán, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Yemen y Somalilandia), así como los 12 estados de Nigeria que han adoptado la ley islámica. Esto no significa, naturalmente, que el resto de países equiparen los derechos de los homosexuales con los de los heterosexuales: sólo 11 países lo hacen como mínimo ante la ley (que se reducen a 8 en el caso de equiparar el matrimonio homosexual con el heterosexual). En el resto, o tienen penas de cárcel y multas, o se les niega el acceso a las fuerzas armadas y otros organismos públicos. Sólo 56 estados, una cuarta parte del total, tienen alguna ley contra la homofobia.
Además, muchos países con leyes favorables, o como mínimo no discriminatorias, hacen la vista gorda cuando tienen que impedir y castigar los abusos contra la comunidad homosexual. Y es que las leyes favorables no siempre tienen el apoyo de toda la sociedad. Incluso en países relativamente abiertos como España las corrientes homófobas y en contra de las leyes de igualdad son importantes, como hemos podido ver durante la polémica ley del matrimonio homosexual.  Y en los EEUU, donde los movimientos de reivindicación de los derechos de los homosexuales tienen mucha fuerza, 18 estados todavía tienen leyes contra la homosexualidad, algunas muy recientes: 13 estados prohibieron explícitamente el matrimonio homosexual o las uniones civiles durante las primarias del 2004, actualmente el matrimonio sólo está permitido en 6 estados de los 60 que forman el país.
Uno de los principales obstáculos con el que se encuentran los derechos de los homosexuales es el hecho que mucha gente (a menudo con el aval de la religión local) considera que la homosexualidad es antinatural, y que por lo tanto no hay que aceptarla ni promoverla. El argumento es estúpido, naturalmente, porque volar y navegar, que sí que son cosas absolutamente antinaturales, son actos plenamente aceptados y la legislación los contempla y protege hasta el punto que tenemos leyes exclusivas para la aviación y la navegación.
Si queremos acabar con la discriminación antes deberemos acabar con esta idea absurda de que existen cosas naturales y cosas antinaturales. Los etólogos consideran que hay unas 1.500 especies animales que muestran comportamientos homosexuales. Si tenemos en cuenta que sólo una, el ser humano, tiene comportamientos homófobos, la pregunta que se nos plantea es evidente: ¿qué es lo antinatural?

Fuentes:

  1. El asesinato de David Kato, condenado junto con 100 personas más por un periódico homófobo ugandés: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Asesinado/activista/gay/Uganda/despues/periodico/publicara/lista/homosexuales/colgar/elpepusoc/20110127elpepusoc_5/Tes
  2. Proyecto de ley antihomosexual en Uganda: http://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_de_ley_antihomosexual_de_Uganda
  3. LGBT: http://es.wikipedia.org/wiki/Lgbt
  4. Declaración sobre orientación sexual e identidad de género de las Naciones Unidas: http://www.oas.org/dil/esp/orientacion_sexual_Declaracion_ONU.pdf
  5. La información sobre legislación la hemos sacado del web SodomyLaws, de la asociación internacional ILCA y de distintos periódicos: http://www.sodomylaws.org   y http://ilga.org/ilga/es/index.html
  6. Artículo sobre homosexualidad animal: http://www.news-medical.net/news/2006/10/23/20718.aspx



 

domingo, 2 de octubre de 2011

Islas de plástico


En 1907 se fabricó el primer polímero totalmente sintético, la baquelita: había empezado la edad del plástico. Desde entonces, y sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, el plástico se ha convertido en un material omnipresente porqué es barato, impermeable, aislante, resistente y fácil de moldear. Aunque existen plásticos naturales, como la goma de caucho o los derivados de la celulosa (el celuloide o el celofán, por ejemplo), la mayoría de los plásticos que utilizamos son sintéticos y provienen del petróleo. Actualmente se fabrican, cada año, 115.000 millones de quilogramos de plástico en forma de nurdles, pequeñas bolitas de colores del tamaño de un perdigón a partir de las cuales se fabrican los objetos de plástico. (Volved a leer la última frase: ¡115.000 millones de quilogramos! ¿Os podéis hacer una idea del montón de plástico que significa eso?).
Muchos de estos plásticos sintéticos se pueden reciclar, pero precisamente porque son baratos y hay tanto no siempre se hace. De hecho, la mayor parte del plástico no se recicla, sino que va a parar a los vertederos de basura o al mar, donde empieza a descomponerse. Pero el plástico no es biodegradable, y aunque enseguida se cuartea y se rompe los pedazos pueden durar mucho tiempo. Como es un material tan nuevo todavía no sabemos exactamente cuánto tiempo durará, pero los científicos calculan que podría tener una vida de unos 10.000 años siempre que esté en contacto con la luz del Sol y el aire, cosa que no sucede ni en los vertederos ni en el mar.
En el mar la situación es muy grave. Desde hace años la cantidad de plástico que vertemos en él crece de forma exponencial. Una parte de este plástico (un 20%) lo vierten los barcos de forma intencionada, pero el resto, la inmensa mayoría, proviene de tierra firme. El viento arrastra bolsas, piezas pequeñas y pedazos de plástico hacia los ríos, cloacas y mares, y toda esta basura se va acumulando arrastrada por las mareas. Puede parecer un problema menor, pero actualmente la contaminación por plástico en el mar es uno de los problemas ambientales más graves a los que se enfrenta nuestro planeta.
Las mareas oceánicas crean espacios muertos en los que la deriva es mínima y en estos puntos es donde se concentra la mayor parte de la basura marítima, creando islas de plástico de cientos de quilómetros de diámetro y unos cuantos centenares de metros de profundidad. De momento se han localizado 11 grandes islas de plástico en los cinco océanos del planeta, la mayor de las cuales está situada en el Pacífico norte y tiene un tamaño similar al de la península Ibérica. Estas islas, a parte del impacto visual, son un peligro para la fauna y la flora marina. Muchas especies de peces se comen los nurdles y los trocitos de plástico porque los confunden con huevos, plancton o krill, cosa que les provoca la muerte. Además, esta capa de plástico dificulta el paso de la luz del Sol e impide que, debajo, crezcan algas y fitoplancton, que son la base de la cadena alimentaria marítima. Os podéis imaginar cómo termina.
Actualmente existen asociaciones como la Fundación Algalita o la Plastic Pollution Coalition que luchan para cambiar las cosas, pero como puede verse en este informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP), no es fácil luchar contra estas concentraciones de plástico. Los intentos de recogerlo mediante redes muy finas han demostrado ser contraproducentes porque también acaban con cualquier tipo de vida. Y de momento nadie sabe cómo podemos retirar los miles de toneladas de plástico que flotan en el mar.
Pero que no sepamos cómo arreglarlo no significa que no podamos hacer nada. Para empezar, podemos reducir la cantidad de plástico que usamos para evitar que las islas de plástico crezcan todavía más. La manera más rápida y fácil es reduciendo el número de envases y bolsas: cuando compremos, escojamos los productos que tengan menos plástico y no utilicemos nunca bolsas de un solo uso. Además, tiremos al contenedor de reciclaje todos los envases que utilicemos. Mira dentro del cubo de basura de tu casa y observa si has tirado alguna cosa de plástico: una parte de lo que tires en ese cubo, empezando por la bolsa, acabará en el mar.
Pero todavía hay otra cosa que podemos hacer para evitar esta catástrofe. Como decíamos al principio, no todos los plásticos provienen del petróleo sino que algunos están hechos a partir de materiales naturales y, por tanto, son biodegradables. Son los llamados EDP (las siglas en inglés para plásticos y polímeros degradables en el medioambiente), extraídos directamente de la biomasa (como el almidón o la celulosa), producidos por síntesis química a partir de monómeros biológicos o producidos por microorganismos y bacterias, como los plásticos llamados PHAS. Actualmente este tipo de polímero representa una pequeñísima parte de los plásticos que se encuentran en el mercado, pero la presión de los consumidores puede hacer que sean mayoritarios. Es cuestión de presionar, pues.

Fuentes:

  1. Imagen de un puñado de nurdles: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fd/Nurdles_01_gentlemanrook.jpg
  2. La isla de plástico del Pacífico norte: http://www.greenpeace.org/international/en/campaigns/oceans/pollution/trash-vortex/
  3. Fundación Algalita de Investigación Marina: http://www.algalita.org/index.php
  4. Plastic Pollution Coalition: http://plasticpollutioncoalition.org/es/
  5. Informe de 2005 del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP) sobre la basura marina: http://www.unep.org/regionalseas/marinelitter/publications/docs/anl_oview.pdf
  6. Plásticos biodegradables: http://es.wikipedia.org/wiki/Pl%C3%A1stico#Pl.C3.A1sticos_biodegradables
  7. Un video espectacular sobre los problemas de algunas aves marinas con los residuos plásticos: http://www.midwayfilm.com/
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domingo, 25 de septiembre de 2011

Trabajar como un esclavo


Cuando decimos que, en pleno siglo XXI, millones de personas (niños y adultos) viven como esclavos no es una forma retórica de hablar ni nos estamos refiriendo a las durísimas condiciones de trabajo que imperan en algunas zonas del planeta. Es literal. Aunque una serie de tratados y convenciones de las Naciones Unidas (el último de los cuales es la Convención de 1956) prohíben la esclavitud, todavía existen un montón de lugares donde se practica. Millones de personas son vendidas como objetos o se les obliga a trabajar por salarios ínfimos o sin salario y viven a merced de sus "amos", como se esfuerzan a explicar asociaciones como Anti-Slavery International, una organización que desde 1839 lucha contra la esclavitud en cualquiera de sus formas, desde la esclavitud tradicional, en la que una persona literalmente es propiedad de alguien, hasta el trabajo forzoso o la explotación sexual de niños.
A diferencia de otros temas como la destrucción del medio ambiente, con la esclavitud siempre nos parece que no tenemos ninguna culpa, que pasa muy lejos de donde vivimos y que, por lo tanto, poco podemos hacer. Pero no es necesario tener esclavos en casa para ser cómplice de la esclavitud. Basta con consumir productos fabricados o cultivados por mano de obra esclava para convertirnos en cómplices de esta barbarie y poner nuestro granito de arena para que las cosas sigan igual. Si estás en contra de la esclavitud, empieza por conocer dónde y cómo se produce todo lo que compras y asegúrate que lo que consumes no participa en esta injusticia. Para hacerlo, Anti-Slavery ha creado una herramienta muy práctica: la campaña Products of Slavery. Si visitáis su web encontraréis un mapa del mundo con los países donde se practica la esclavitud y los productos en los que esta práctica toma parte. Así, podréis saber que buena parte de los cultivadores de piñas de Brasil son niños de entre 10 y 12 años, y que el 20% no cobran ningún salario. O que algunas empresas de China que fabrican calzado deportivo utilizan prisioneros forzados y no remunerados como trabajadores. O que por culpa  de la pobreza de Burkina Faso, algunos niños son vendidos por sus familias como esclavos para trabajar en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil. O que la India tiene el récord de productos manufacturados por esclavos (18) y es uno de los países dónde el trabajo forzoso para devolver deudas está más extendido.
Como consumidores debemos tomar conciencia de que no vivimos en una burbuja y que nuestros pequeños actos afectan, para bien o para mal, la vida de miles de personas. Nuestro monedero es un arma muy poderosa y debemos ser conscientes de ello cada vez que lo abrimos.

Fuentes:

  1. Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas a la esclavitud: http://white.oit.org.pe/spanish/260ameri/oitreg/activid/proyectos/ipec/documentos/conv_abol_esclav_trata.pdf
  2. Web de Anti-slavery: http://www.antislavery.org/spanish/default.aspx
  3. La campaña Products of Slavery: http://www.productsofslavery.org/
  4. Slavery Footprint, una web interesante sobre el tema: http://www.slaveryfootprint.org/

domingo, 18 de septiembre de 2011

Un poco de economía antinuclear


La conciencia antinuclear crece a base de sobresaltos. Lo hemos visto esta semana: Francia, que durante la catástrofe de Fukushima aseguraba que esto no podía pasar en sus centrales nucleares porque son muy seguras, acaba de sufrir el último susto y el debate nuclear se ha reabierto. Y como siempre que hay un accidente, los que se oponen a las nucleares ganan adeptos. 
Pero este debate siempre se basa en la peligrosidad de las centrales y de los residuos que generan, que son peligrosos durante decenas de miles de años. Los que son favorables a las nucleares, en cambio, usan argumentos económicos para rebatirlo: es la energía más barata, da trabajo a mucha gente y, a diferencia del petróleo, con las nucleares no dependemos de otros países para crear energía. A partir de ahí el debate acostumbra a centrarse en si deben tener prioridad los argumentos ambientales y de seguridad (y cerrar las nucleares) o los económicos (y potenciar la energía atómica). 
Pero este es un falso debate, porque lo que no se nos dice es que estos argumentos económicos son absolutamente falsos y, realmente, la energía nuclear no tiene ninguna defensa sólida posible desde ningún punto de vista. Demos un vistazo a estos argumentos económicos para ver qué hay de cierto en ellos.

1.- En primer lugar, se nos dice que la energía nuclear es la más barata y que ahora mismo, con la crisis, no podemos permitirnos cambiarla. Las estadísticas que presenta el lobby nuclear realmente muestran que las centrales generan energía a costes relativamente bajos, pero esto es porqué no tienen en cuenta todo el proceso. Calculan lo que cuesta producir energía sin tener en cuenta el coste de la construcción de la central, ni los años que duran las instalaciones, ni el coste de la gestión de los residuos. En un informe del MIT de 2003 que estudia los costes de inversión, el tiempo necesario para construir las centrales y los años de vida de una planta nuclear, la conclusión es que la energía nuclear no puede ser competitiva porqué es demasiado cara. Y eso que en este estudio no se habla del coste de la gestión de los residuos, que hay que almacenar en un lugar seguro durante decenas de miles de años hasta que dejen de ser peligrosos. Según la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), el coste de gestión de estos residuos en España será de más de 13.000 millones de euros sólo hasta el 2070. La energía nuclear no es, pues, tan barata como nos dicen.

2.- El segundo argumento económico para defender las nucleares es que generan puestos de trabajo. Bueno, es indudable que los generan, pero la pregunta es si generan más o menos puestos que otro modelo energético. En un informe de CCOO del 2008 se dice que el sector de las energías renovables en España generaba en 2007 89.000 puestos de trabajo directos y 99.000 indirectos. La energía nuclear no llegaba ni al 10% de estas cifras. 

3.- El tercer argumento de peso que se usa para defender las nucleares es que este modelo permite a los países ser independientes energéticamente porque no les hace falta importar petróleo, gas ni carbón sino que pueden fabricar la energía in situ. En el caso de España (y de muchos otros países) esto no es exactamente así, como mínimo desde el año 2000, cuando cerró la explotación minera de Saelices el Chico, en Salamanca, la última mina de uranio del país. Actualmente importamos el 100% del uranio que necesitan nuestras centrales de países como Níger, lo cual nos hace ser tan dependientes de los mercados internacionales como con el petróleo. Sí, bueno, pero como mínimo los nigerinos sí que podrán tener independencia energética, ¿no? Pues tampoco, porque la construcción de las plantas nucleares (a diferencia de la mayoría de energías renovables) exige tecnologías que sólo se encuentran en los países desarrollados. Además, el coste excesivo de estas centrales hace que los países del Tercer Mundo no puedan acceder a ellas. En un mundo nuclear, los países pobres tendrían que comprar la energía a los países ricos.

¿Hacen falta más argumentos? ¿Cuántos accidentes nucleares como el de Chernóbil y Fukushima harán falta para que nos convenzamos que hay que cerrar las nucleares y apostar por energías limpias, renovables y al alcance de todo el mundo?

Si queréis más información, podéis leer este informe de Greenpeace sobre las mentiras de la industria nuclear. 

Fuentes:
  1. Sarkozy defiende las nucleares durante la catástrofe de Fukushima: http://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/2906644/03/11/Sarkozy-defiende-la-energia-nuclear-De-ninguna-manera-la-abandonaremos.html
  2. Massachussetts Institute of Technology: http://web.mit.edu/
  3. Lista de los accidentes nucleares importantes: http://es.wikipedia.org/wiki/Lista_de_accidentes_nucleares_civiles
  4. Informe de Greenpeace: Una energía sin futuro. Desmontando las mentiras de la industria nuclear: http://www.greenpeace.org/raw/content/espana/reports/una-energ-a-sin-futuro-desmon.pdf


lunes, 12 de septiembre de 2011

Las transition towns o comunidades de transición


Las evidencias del cambio climático que estamos sufriendo son tantas que, actualmente, los negacionistas del cambio climático se han convertido en un grupo absolutamente minoritario movido por intereses bastante oscuros y sin ningún tipo de base científica. Un poco como los que niegan el Holocausto o la evolución de las especies. Pero el hecho de saber que estamos destrozando el mundo tampoco parece que tenga la fuerza suficiente para movernos a cambiar las cosas, lo cual no deja de ser sorprendente. De alguna forma, parece que estemos esperando a que alguien encuentre la solución por nosotros y que (sin que nos cueste demasiado dinero ni tengamos que cambiar nada de nuestro día a día) descubran nuevas fuentes de energía no contaminantes y renovables y dejen el planeta limpio de todo lo que hemos vertido hasta ahora.
El problema es que el modelo energético y de consumo actual todavía puede durar unos años y quizá el día que tengamos una alternativa ya sea demasiado tarde. No es una afirmación catastrofista: es exactamente así. Es por esto que debemos empezar a cambiar de modelo hoy mismo, aunque sólo sea a escala local (en casa, para entendernos).
Con esta idea en la cabeza, en algunos centenares de pueblos y ciudades de todo el mundo se está llevando a cabo un experimento social a escala masiva: las transition towns o comunidades de transición. La idea es sencilla: se trata de organizar redes de ciudadanos que busquen respuestas locales al hecho que el petróleo se acaba y que las emisiones de gases de efecto invernadero están provocando un cambio climático. Son, de alguna forma, miles de pequeños laboratorios de ideas dedicados a la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria y energética. Quizás un ciudadano normal no puede inventar la pila de hidrógeno ni detener el exceso de emisiones de CO2 de su país, pero puede hacer un montón de cosas, como comer productos cultivados cerca de su casa (o incluso cultivarlos por sí mismo), mejorar el ciclo de reutilización y reciclaje de sus residuos o apostar por las energías renovables a pequeña escala. Y si esto se hace en pequeñas (o no tan pequeñas) comunidades, los efectos se multiplican y es más fácil darlo a conocer al resto de la sociedad.
Las ciudades, barrios o pueblos que se apuntan comparten recursos creativos con el resto de la red de comunidades en transición, y a base de pequeños pasos y cambios sencillos pueden llegar muy lejos. Para ver algunos ejemplos de transition towns y de la importancia que están tomando podéis ver el documental In transition 1.0.
El fin del petróleo puede ser una catástrofe, pero también puede ser una oportunidad para un cambio positivo e incluso agradable. 

Fuentes:
Artículo de Ramon Folch sobre los negacionistas del cambio climático: http://www.sostenible.cat/sostenible/web/noticies/sos_noticies_web.php?cod_idioma=2&seccio=5&num_noticia=442670
Red mundial de transition towns: http://www.transitionnetwork.org/
Artículo de Dando Datos sobre la comida de proximidad: http://www.dandodatos.com/2011/08/comida-sin-fronteras.html
Guía en pdf para convertir tu pueblo o barrio en una transition town: http://www.transitionnetwork.org/sites/default/files/TransitionInitiativesPrimer%283%29.pdf
Documental In transition 1.0: http://sites.google.com/site/sinpetroleo/cine/intransition1

lunes, 5 de septiembre de 2011

Especies invasoras


Cada año, nuevas especies de animales y vegetales entran en la lista de especies en peligro de extinción. Nuestro planeta ya ha sufrido cinco grandes extinciones en su historia y parece que ahora nos encontramos inmersos en la sexta. Las cinco primeras no fueron culpa nuestra (básicamente porqué no estábamos), pero parece que esta vez sí que lo es.
Pero hoy no os queremos hablar de las especies que están en peligro de extinción, sino todo lo contrario: de las especies invasoras  que, por nuestra culpa, se están extendiendo tanto que se han convertido en una amenaza para la biodiversidad del planeta. Hasta no hace mucho, los océanos y las montañas eran fronteras naturales que impedían (o ponían muy difícil) que algunas especies se extendieran por todo el planeta, pero actualmente esto ya no es un impedimento. Algunas especies, con nuestra ayuda, han invadido ecosistemas nuevos hasta el punto de poner en peligro al resto de especies y al ecosistema entero.
Con el fin de concienciar sobre la importancia y complejidad de estas invasiones, el Grupo Especialista de Especies Invasoras (GEEI), que pertenece a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), elabora un listado con cien de estas especies invasoras que amenazan la biodiversidad. En la lista no están todas, y las que aparecen ni siquiera no son las cien más peligrosas, sino que en ella encontramos cien ejemplos ilustrativos lo más variados posible. El hecho que una especie no salga en la lista no significa que no sea peligrosa.
La lista debería ser de lectura obligatoria en las escuelas, no sólo para que todo el mundo conozca los nombres de las cien especies sino sobre todo para entender cómo es de fácil destruir un ecosistema, incluso sin hacerlo de mala fe.
Os pondremos un par de ejemplos para que veáis de qué os estamos hablando.
- En los años 50 la sobreexplotación pesquera amenazaba con dejar sin peces el lago Victoria y para evitarlo se introdujo la perca del Nilo. Para secar los peces, más grasos que los que había antes, se hacían grandes hogueras que deforestaron los bosques cercanos. Esta deforestación hizo que las lluvias arrastraran muchos residuos hacia el lago, cosa que provocó una invasión de algas y jacintos de agua, otra de las especies de la lista. Resultado: más de 200 especies de peces y muchas plantas  han desaparecido del lago y las percas y los jacintos lo colonizan todo.
- La tortuga de orejas rojas, en los últimos decenios, se ha convertido en uno de los animales domésticos más comercializados del mercado. Sí, lo habéis adivinado, son aquellas tortuguitas de acuario tan monas. Y cuando la gente se cansa de ellas, van a parar a las cloacas (o a los ríos, si sus propietarios son un poco más sensibles). Os podéis imaginar el resto: son omnívoros y depredan los pequeños invertebrados y plantas de los ecosistemas donde van a parar, además de transmitir enfermedades. Y como estos invertebrados y plantas son la comida de otras especies, afectan a todo el ecosistema.
Aparte de estas dos, si consultáis la lista encontraréis al jabalí, el ciervo, el conejo, cinco especies de hormiga, el sapo gigante, la acacia negra, el pino marítimo o el mejillón. Cuando lo hemos leído sólo hemos echado en falta una especie, probablemente la más invasora: nosotros.

Fuentes:

  1. Lista roja de especies en peligro de extinción de la UICN: http://www.iucnredlist.org/
  2. Las grandes extinciones: http://es.wikipedia.org/wiki/Extinciones_masivas
  3. Qué es una especie invasora: http://es.wikipedia.org/wiki/Especie_invasora
  4. El Grupo Especialista de Especies Invasoras (GEEI) de la UICN: http://www.issg.org/
  5. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN): http://www.iucn.org/es/
  6. La lista de las 100 especies exóticas invasoras más perjudiciales del mundo: http://data.iucn.org/dbtw-wpd/edocs/2000-126-Es.pdf
  7. La perca del Nilo: http://es.wikipedia.org/wiki/Lates_niloticus
  8. Jacinto de agua: http://es.wikipedia.org/wiki/Jacinto_de_agua
  9. La tortuga de orejas rojas: http://es.wikipedia.org/wiki/Trachemys_scripta_elegans



domingo, 28 de agosto de 2011

El juego del verano

Para finalizar este mes de agosto os proponemos un juego. Se trata de descubrir de qué país estamos hablando con la ayuda de los datos que os ofrecemos sobre cómo se vive en ese país. Abrid un mapamundi y... ¡suerte!
Las cuatro pistas que os damos son las siguientes:

Actualmente (datos del 1 de enero de 2011), 1.700.000 ciudadanos de este país son inmigrantes en un país extranjero. 
El 20,8% de la población (uno de cada cinco habitantes) está por debajo del umbral de la pobreza relativa.
Tiene cerca de un millón de analfabetos.
Aunque está prohibida por las leyes del país desde el siglo XIX, todavía existe la esclavitud.

¿Sabes de qué país se trata? O como mínimo, ¿en qué zona del planeta se encuentra? Si quieres ver la solución, clica aquí.
¿Lo has adivinado o pensabas en otro país? ¿Quizás habías dirigido tu mirada un poco más hacia el sur? 

Fuentes:
De la pista 1: aquí
De la pista 2: aquí
De la pista 3: aquí
De la pista 4: aquí

domingo, 21 de agosto de 2011

Propinas... ¿sí o no?


La propina (que en latín significa 'invitación a beber') es una institución muy antigua que consiste en que el cliente deje una pequeña cantidad a quien te sirve como agradecimiento por el buen servicio. La idea no parece mala y se acostumbra a considerar como una deferencia hacia quien te ha servido, hasta el punto de que no hacerlo puede parecer de mala educación. En algunos países la propina está tan institucionalizada que incluso está estipulada (entre un 10 y un 15% según el sitio) y en algunos casos es obligatoria. Cuando se viaja, una de las primeras cosas que se consulta es el protocolo de cada país en lo referente a la propina.
Pero las cosas no son tan sencillas. La propina tiene un lado oscuro y puede ser tan perjudicial para el que la da como para el que la recibe. Echemos un vistazo.
En primer lugar, la propina acostumbra a ser una excusa para pagar sueldos bajos. Como ya lo redondearan con la propina, el empresario puede ahorrarse un dinero (y la parte proporcional de impuestos) a costa de la buena voluntad del cliente. En España, según la última encuesta anual de coste laboral hecha por el Instituto Nacional de Estadística, la hostelería tiene el salario más bajo de todos los sectores, por debajo de los 1000 euros, y esto es culpa en parte de las promesas (que no siempre se cumplen) de redondear el sueldo con las propinas. O sea, que el argumento de que las propinas benefician a los que las reciben es falso. Cobran menos y cotizan menos, y por lo tanto tienen menos prestaciones sociales cuando las necesitan.
El segundo argumento de peso tiene que ver con la invisibilidad de las propinas: no constan en ninguna parte y por lo tanto no pagan impuestos. Son, literalmente, dinero negro, y forman parte de la economía sumergida que tanto daño hace a la economía del país. Es difícil cuantificar el dinero que los estados pierden por culpa de las propinas, precisamente porque son invisibles, pero en todo caso son cifras altas. Si se declararan podrían generar impuestos que sirvieran para hacer hospitales, contratar más médicos o profesores o mejorar las pensiones. No existen cifras definitivas de cuánto dinero estamos hablando, pero según el Instituto Nacional de Estadística seria una cifra que en España rondaría los 3.500 millones de euros. Sólo ofrecemos datos de España, pero es fácil imaginarse que en todas partes es muy parecido.
Si el propietario de un bar o un restaurante considera que el precio que aparece en la cuenta no incluye el servicio y que por lo tanto hay que pagarlo a parte, la solución está clara: que lo incluyan. Y que este servicio pague impuestos, como en las librerías, las tiendas de ropa o las fruterías. Y, de paso, que aprovechen este dinero extra que habrá en la caja para poner los salarios del sector a la altura de los demás. La próxima vez que pidas la cuenta, piensa en ello. 

Si clicas aquí podrás descargar e imprimir unas targetas que hemos hecho con los argumentos contra la propina para dejar en el bar o restaurante cuando recojas el cambio y no quedar como un tacaño.

Fuentes:

  1. El protocolo de la propina en España: http://www.protocolo.org/social/etiqueta_en_publico/la_propina_cuando_darla_cuanto_dar_a_quien_dar_la_propina_.html
  2. Encuesta anual de coste laboral del Instituto Nacional de Estadística: http://www.ine.es/prensa/np671.pdf
  3. Contabilidad Nacional de España del Instituto Nacional de Estadística: http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t35/p008/&file=inebase&L=0
  4. Targetas con los argumentos contra la propina para dejar en el bar o restaurante cuando recojas el cambio y no quedar como un tacaño: http://dl.dropbox.com/u/43760454/propina%20cast.pdf

lunes, 15 de agosto de 2011

Comida sin fronteras


Un cargamento de gambas recién pescadas sale de las playas escocesas y viaja hasta China, donde la mano de obra es muy barata, para ser peladas. Una vez terminado el trabajo, vuelven a subir en un barco para ser vendidas... en el Reino Unido. Seguramente, alguna de estas gambas se las comerán en Escocia, justo delante de la playa donde fueron pescadas. Las gambas que pescan los canadienses, en cambio, viajan hasta Islandia para que las pelen antes de ser comercializadas en cualquier otro punto del planeta. Y esto pasa con muchos productos: buena parte de lo que comemos y bebemos ha sido cultivado o manufacturado a miles de kilómetros del sitio donde será consumido. Realmente, no tiene ningún sentido.
Esta locura tiene un coste evidente para el planeta. Dave Reay, autor del libro Climate Change Begins at Home, calcula que entre el 10 y el 20% de nuestro impacto en el clima es debido a la comida: a su elaboración, transporte y manufacturación.
Para acabar con esta práctica suicida se han planteado muchas soluciones, como por ejemplo gravar con impuestos los productos menos eficientes en este sentido, pero la mejor solución es, simplemente, utilizar el sentido común. Nuestro poder como consumidores es mucho más grande de lo que pensamos y optar por no consumir productos que supongan un gran despilfarro energético (y hacer un poco de campaña entre amigos y conocidos) puede cambiar muchas cosas.
Como siempre, hay gente que lleva mucho tiempo haciéndolo. Los integrantes del movimiento Slow Food, por ejemplo, en su intento de cambiar de arriba a abajo nuestra relación con la comida, incluyen entre sus recomendaciones el hecho de comer y beber productos cultivados cerca de casa. No son los únicos.
El movimiento que reclama consumir productos de proximidad ha recibido muchos nombres: kilómetro cero, dieta de los 100 kilómetros (o 100 millas), Consumo Local (Local Food), dieta baja en CO2 o Locavore son los más conocidos, pero hay más. Naturalmente, no hace falta pertenecer a ningún movimiento para comer local, basta con dejarse guiar por el sentido común: cambiar la cerveza de importación por una marca local que te guste, beber vino del país, preguntar en la frutería, pescadería o carnicería de donde viene cada cosa y escoger productos que no vengan de la otra punta del mundo. Internet está lleno de sitios con consejos e ideas para favorecer el consumo local, basta con teclear en un buscador alguno de los nombres que acabamos de dar.
Una buena manera de empezar a pensar en el tema: la próxima vez que vayas a comprar o que hagas la comida, echa un vistazo a las etiquetas de los productos y mira de donde viene cada ingrediente. Verás que muchos de ellos pueden ser sustituidos por productos locales de la misma calidad (e incluso mejores). Simplemente, no lo habías pensado antes.

Fuentes:

  1. Gambas escocesas que viajan a China para ser peladas: http://www.elpais.com/articulo/economia/Varias/empresas/llevan/China/gambas/pescadas/Escocia/pelarlas/mano/elpepueco/20070521elpepieco_6/Tes
  2. La afirmación de que entre el 10 y el 20% de nuestro impacto en el clima es debido a la comida proviene del libro Climate Change Begins at Home, de Dave Reay: http://www.opendemocracy.net/arts/climate_change_3012.jsp  
  3. Slow Food España: http://slowfood.es/



domingo, 7 de agosto de 2011

Buscando un trabajo decente


El paro es uno de los principales problemas que padecen los estados, ya sean ricos o pobres. Según las estadísticas, el récord de parados lo tiene Zimbabue, con un 90% de la población activa sin trabajo; en el otro extremo están Andorra y Mónaco, que oficialmente no tienen ningún parado. La crisis actual ha incrementado el paro en los países ricos hasta el punto que, en muchos casos, lo ha equiparado a los índices de los países pobres. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2010 había 205 millones de parados en el mundo, el récord histórico.
A estos índices de paro tan altos se les añade un problema todavía más grande, y es que no todos los empleos son iguales ni están pagados igual. Las estadísticas dicen cuanta gente trabaja pero casi nunca hablan de cómo se trabaja ni a cambio de qué. En el mismo informe de la OIT que hemos citado más arriba aparece un dato todavía más escalofriante: a parte de los 205 millones de parados, en el mundo hay 630 millones de trabajadores (uno de cada cinco) que cobran menos de 1,25 dólares al día, y 1.530 millones de trabajadores (uno de cada dos) tiene un empleo que la OIT califica como "vulnerable". Y esta es una tendencia que, claramente, va a más.
Después de un siglo y medio de luchas para conseguir unas condiciones laborales dignas, desde los 90 asistimos a un deterioro de los derechos de los trabajadores en todo el mundo. Es el lado oscuro de la globalización y todos sabemos de qué va, porqué quien más quien menos todos lo hemos sufrido o hemos visto como lo sufría alguien cercano. Afecta a los trabajadores de los países ricos, que ven como las empresas deslocalizan la producción y los servicios hacia los países pobres, y a los trabajadores de los países pobres, que trabajan en condiciones durísimas por sueldos de miseria sin la protección legal de sus estados, presionados por este tipo de empresas.
En este contexto, a finales de los 90 la OIT impulsó el concepto de trabajo decente, que pone el acento en las condiciones y la retribución de un empleo antes de considerarlo como tal. Según la OIT, el trabajo debe ser fuente de dignidad personal, estabilidad familiar y paz en la comunidad, y tejer camisetas durante 16 horas diarias por 1€ al día sin derechos laborales ni protección sanitaria, por poner un ejemplo muy común, no tiene nada que ver con todo esto.
La gran diferencia no está entre quien tiene trabajo y quien no lo tiene, sino entre quien tiene un trabajo decente y quien no lo tiene, esté parado o no. El resto, son estadísticas.

Fuentes:

  1. Listado de paro por países: http://es.wikipedia.org/wiki/Desempleo_por_pa%C3%ADses
  2. El paro en Zimbabue: http://www.reuters.com/article/2009/06/30/zimbabwe-crisis-china-idUSLU6431520090630
  3. Informe de la OIT sobre el paro: http://www.ilo.org/global/publications/ilo-bookstore/order-online/books/WCMS_150442/lang--es/index.htm
  4. El trabajo decente según la OIT: http://www.ilo.org/global/topics/decent-work/lang--es/index.htm